Territorio de luz


Territorio de luz de Yuko Tsushima

2021 02 05

Una madre bibliotecaria en su primer año de separación con una hija que pasa de dos a tres años en su reconversión. No tiene más esta novela. El machismo japonés personificado en su ex-pareja que deja a las claras la personalidad de la escritora frente a la maldita burocracia japonesa.

Los sueños que padece la madre, son capítulos de un realismo mágico mal entendido. Dan a entender la turbia mentalidad de ella, enrarecida por los enfrentamientos con su pareja, acrecentados por su afición al whisky y su indiferencia a la madre que la parió. La protagonista llega a ser extraña, bohemia y mala madre en más de una ocasión… O, simplemente muestra la realidad de una vida serena que ha sido alterada, donde hoy pegaría a su hija por llorar, luego la añora cuando duerme fuera, chapotea en su azotea junto a ella y la enseña a apreciar las pequeñas lindezas de la vida.

Eso es lo que más me ha gustado… El aprecio que se da a las cosas cotidianas, a las pequeñas felicidades, si se puede decir algo así.

Los miedos como aprendizaje en un parque de almendros, las sonrisas al encender una bengala, una bolsa de plástico llena de flores estropeadas, obsesiones con la muerte en el camino a casa, viajes a ninguna parte en el vagón de un tren. Mención especial a dos llamadas a horas intempestivas.

Añoranza de algo que no ha conocido aún, luchar sin armas en una sociedad estancada que le da oportunidades contadas, el amor duro de una madre por su hija pequeña.

Me ha demostrado que hasta una madre puede sentir lo que siento yo por un bebé. Amor y cierto cansancio por su dependencia. No soy padre ni lo seré en la vida. Pero adoro la inocencia de esa edad (llámese Alba, mi primita), la arrogancia, la seguridad de esa niña.

Termina la obra como empezó, una mujer y una niña a punto de partir hacia un viaje (nada ostentoso) hacia una nueva vida. La ilusión se mezcla con el temor y podría seguir escribiendo así hasta la que la hija dejara de abrazarse a las rodillas de su madre, temerosa.

Lo he dicho en varias ocasiones. Las lecturas que estoy haciendo, no cuentan grandes historias, momentos épicos. La literatura japonesa que me estoy brindando es tan íntima que llegan a parecer diarios. En esta última, Tokyo se reduce a una guardería, una biblioteca y un apartamento iluminado. Un confinamiento como el que teníamos antes de ser proclamado por el gobierno, porque al final son tres,cuatro lugares los que regentamos a diario (yo al menos).

“ – Mira las estrellas.

Entonces recordé que, cuanto más frío hace, mejor se ven.”

A mi me ha relajado su lectura, me ha confirmado que la realidad no es dura, es cambiante; terriblemente impresionista (de impresionismo, no de impresionante).

Totalmente recomendable…

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